
En términos psicológicos, el “efecto de encuadre” puede influir en cómo tomamos decisiones y generamos ideas. En disciplinas como la PNL, se traduce en la capacidad de cambiar el marco desde el que observamos algo para reencuadrarlo y, de este modo, otorgarle un significado distinto.
Desde el enfoque del Modelado Conductual Desarrollativo (DBM), uno de los pilares de mi metodología (modelado personal creativo), esto se entiende como un cambio de perspectiva. Puede darse desde la propia mirada de la persona, desde cómo estamos atendiendo al objeto o —la más potente en términos de creatividad— desde la comprensión del contexto en el que lo observamos.
Al cambiar el marco de algo, es decir, alguno de sus puntos de vista (como el contexto), cambia cómo se percibe, cómo podría usarse, cómo se interpreta y, en última instancia, qué es posible hacer con ello (las posibilidades que emergen).
Por ejemplo: un “vaso desechable” en el contexto de una formación es ideal para servir líquidos o beber, pero si llevas ese mismo vaso a la playa (cambiando el marco), de repente resulta muy útil para jugar o construir castillos de arena. Ahora, si este vaso no está en un contexto de juego con personas, es decir, está “aislado” en la playa, puede que el significado que de demos es de “basura” o “desecho”… ¿Tiene sentido?
Esta es una de las claves de nuestra flexibilidad mental y del pensamiento creativo.
Encuentra uno o dos objetos a tu alrededor e imagínalos en diferentes encuadres. Anota todas las formas en las que cambia el objeto dentro del nuevo marco o contexto, o cuando modificas el punto de vista.
Puedes hacerlo en grupo o en familia. Propón el mismo ejercicio y observa cuál de los “reencuadres” que surgen es el más sorprendente.

